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Endeudados para comer: la asfixia financiera de los argentinos en 2026

Un panorama alarmante muestra que la mayoría de los argentinos está endeudada, y una porción significativa recurre a créditos para adquirir alimentos y cubrir gastos mensuales. La tarjeta de crédito se consolida como la herramienta principal para la supervivencia diaria, revelando una profunda crisis de poder adquisitivo y estrés financiero.

Grupo Editorial BC
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Endeudados para comer: la asfixia financiera de los argentinos en 2026

El aire se hace cada vez más denso en los hogares argentinos. Lejos de la promesa de estabilidad, la realidad de este septiembre de 2026 nos golpea con un dato que, aunque no sorprende del todo, no deja de ser demoledor: una porción alarmante de la población está endeudada, y lo que es aún más grave, lo hace para poner un plato de comida en la mesa o llegar a fin de mes.

La radiografía de la asfixia cotidiana

Una reciente encuesta nacional dibuja un escenario preocupante de la economía doméstica. Revela que casi el 72% de los consultados tiene algún tipo de deuda. Pero el dato que nos revuelve las tripas es que, dentro de ese universo, un 33,4% admite haber recurrido al crédito para comprar alimentos y cubrir los gastos básicos del mes. No hablamos de un electrodoméstico o unas vacaciones, hablamos de la canasta básica.

La tarjeta de crédito, que en otros tiempos fue sinónimo de consumo, financiamiento para el ocio o una inversión a largo plazo, hoy se ha transformado en el principal instrumento de supervivencia. Su plástico es, para millones, el salvoconducto para no quedarse a mitad de camino entre un sueldo y el siguiente. Y la espiral se agudiza: uno de cada cuatro endeudados, según este mismo estudio, toma nuevos créditos para pagar deudas preexistentes. Un círculo vicioso que lejos de ofrecer una salida, parece sellar un destino de estrés financiero crónico.

Un combo explosivo: inflación y estancamiento productivo

Este panorama no surge de la nada. Es el resultado de un contexto económico que lleva años erosionando el poder adquisitivo de los salarios. Hoy, la divisa oficial se mueve en torno a los $1535 para la venta, mientras que el dólar paralelo coquetea con los $1550. Estos valores, ya naturalizados en la conversación diaria, son el reflejo de una inflación persistente que licúa ingresos y dispara los precios de todo, desde la carne hasta el transporte.

Pero el problema no es solo monetario. La economía real también muestra signos de fatiga profunda. La industria metalúrgica, un termómetro clave de la actividad productiva, se desplomó un 6,1% anual en agosto. Opera a menos del 40% de su capacidad instalada, con un 10% de sus empresas ya reportando atrasos en sus obligaciones financieras. Esto no es solo un número frío para un sector específico; es un síntoma de un estancamiento productivo generalizado que se traduce en menos empleos, menos inversión y, en última instancia, menos recursos genuinos para las familias. Si la fábrica no produce, el trabajador no cobra bien, y la cadena de consumo se resiente.

El crédito: de oportunidad a condena

La esencia del crédito, la de permitirnos acceder a bienes o servicios hoy para pagarlos mañana, ha mutado drásticamente. Para una porción cada vez mayor de la sociedad argentina, el crédito dejó de ser una palanca para el progreso o un paliativo puntual, y se convirtió en una trampa de la que es difícil salir. Pagar alimentos con tarjeta, muchas veces en cuotas y con intereses por las nubes, significa hipotecar el salario futuro y agravar la situación para el mes siguiente.

Este uso del crédito para la subsistencia genera una presión inmensa. El estrés financiero se traduce en problemas de salud, en tensiones familiares, en la imposibilidad de planificar y en una constante sensación de estar corriendo contra el tiempo y el dinero. Es la materialización de la incertidumbre en la vida diaria de millones.

¿Hay salida de este laberinto?

La Argentina se encuentra ante un desafío mayúsculo. No se trata solo de controlar la inflación o de buscar la estabilidad del tipo de cambio, tareas en sí mismas monumentales. El verdadero reto es reconstruir un tejido productivo que genere empleo de calidad y salarios dignos, que permitan a las familias cubrir sus necesidades básicas sin recurrir a la asfixia del endeudamiento.

Endeudados para comer: la asfixia financiera de los argentinos en 2026 — imagen complementaria

Desde esta tribuna independiente, vemos con preocupación cómo la promesa de un futuro mejor choca de frente con la cruda realidad del presente de muchos hogares. La solución, si la hay, no será simple ni rápida. Exigirá un pacto social que vaya más allá de las disputas políticas, que ponga en el centro la dignidad del trabajo y el poder de compra de las familias. Mientras tanto, millones seguirán haciendo malabares, chequeando el saldo de la tarjeta, esperando que el sueldo les dé para un día más, atrapados en la sutil pero implacable telaraña de la deuda para comer. El día 21 de septiembre de 2026 nos encuentra con una deuda social que es también una deuda económica en cada hogar.