Desregulación profunda: qué significa el fin de Ahora 12 y otras normas para el consumidor
El Gobierno derogó 58 normas económicas, impactando directamente en programas de consumo como Ahora 12 y Precios Cuidados. Analizamos las posibles consecuencias para el bolsillo, el acceso al crédito y los hábitos de compra de los argentinos en este nuevo escenario de mercado.

Una ola de desregulación profunda sacude el panorama económico argentino. En una movida que redefine las reglas del juego para el consumo masivo y el comercio, el gobierno oficializó la derogación de 58 normas económicas, incluyendo aquellas que daban soporte a programas icónicos como Ahora 12, Cuota Simple y, en su momento, Precios Cuidados. La decisión, que se inscribe en una filosofía de achicamiento estatal y fomento de la libre competencia, abre un interrogante gigante sobre el impacto real en el bolsillo de los ciudadanos y en la dinámica del mercado doméstico. Como portal independiente, en dot.com.ar nos proponemos desmenuzar las implicaciones de este viraje y lo que podría significar para tu economía.
El Adiós a los Programas de Consumo: ¿Qué Implica?
Durante años, programas como Ahora 12 se convirtieron en un pilar fundamental para el acceso a bienes de consumo durables. Desde un electrodoméstico hasta un juego de muebles, pasando por indumentaria o pasajes, la posibilidad de financiar compras en cuotas fijas y a tasas subsidiadas era, para muchos, la única vía para concretar gastos importantes. No eran perfectos, claro, y su financiamiento siempre fue objeto de debate, pero ofrecían una previsibilidad y una facilidad de acceso al crédito que hoy parece esfumarse.
La lógica detrás de estos programas era dual: por un lado, estimular la demanda en un mercado interno a menudo deprimido; por otro, ofrecer a los consumidores una herramienta para enfrentar la inflación y la escasez de crédito asequible. Su desaparición, o su transformación sin el paraguas estatal, dejará a muchos comercios y consumidores ante un panorama incierto. La capacidad de las cadenas minoristas de replicar ofertas similares sin el respaldo del Estado será clave, pero no es algo garantizado, especialmente en un contexto de altas tasas de interés y escasez de financiamiento.
La Promesa de la Competencia vs. la Realidad del Mercado Argentino
Desde el gobierno, la argumentación central para esta desregulación radica en la necesidad de eliminar distorsiones, fomentar la competencia real y reducir la burocracia que, se afirma, obstaculizaba el crecimiento. La idea es que, sin la intervención estatal, el mercado se autorregule, lo que derivaría en mejores precios y mayor variedad para el consumidor. Es una premisa atractiva en la teoría, pero que, en la práctica argentina, a menudo choca con la realidad de un mercado concentrado en muchos sectores, donde unos pocos jugadores dominan la oferta y tienen, quizás, la capacidad de influir en los precios sin una competencia vigorosa que los discipline.
El desafío, entonces, es enorme. Si bien es cierto que el exceso de regulaciones puede generar ineficiencias, la eliminación abrupta de marcos regulatorios y programas de estímulo sin una red de contención o un ecosistema de crédito alternativo, podría dejar un vacío. ¿Podrán los comercios pequeños y medianos competir en este nuevo escenario? ¿Y qué pasará con los consumidores, sobre todo aquellos que dependen de las facilidades de pago para llegar a fin de mes o para renovar bienes esenciales?
Impacto en el Bolsillo y los Hábitos de Consumo
El fin de Ahora 12, por ejemplo, tendrá un impacto directo en la forma en que los argentinos gestionan sus compras más significativas. Es probable que se observe un reacomodamiento en los patrones de gasto: podríamos ver una mayor preferencia por compras al contado o un uso más intensivo de tarjetas de crédito con sus propias tasas de interés (que suelen ser más elevadas y variables). Esto, a su vez, podría repercutir en el volumen de ventas de rubros como electrodomésticos, materiales para el hogar o tecnología, que tradicionalmente se apoyaron en la financiación en cuotas. En otras palabras, sin un Ahora 12 que ofrezca previsibilidad, muchas compras podrían postergarse o, directamente, no realizarse.
El efecto sobre los precios también es un punto de atención. Si bien la teoría de la desregulación postula que la competencia empuja los precios a la baja, la ausencia de programas como Precios Cuidados (que, con sus altibajos, intentaban ser una referencia) y la eliminación de otras normas vinculadas al control comercial, podría dar margen a mayores aumentos en sectores con poca competencia. La inflación, ese flagelo constante de nuestra economía, podría encontrar nuevos resquicios si el mercado no genera por sí solo mecanismos de contención. No es descabellado pensar que, en el corto plazo, la dispersión de precios aumente y la posibilidad de encontrar ofertas estables disminuya.
Asimismo, el informe que nos indica que el aguinaldo de junio se destinará principalmente al pago de deudas y no a nuevas compras, pinta un panorama de cautela. Si a esto le sumamos la dificultad para acceder a financiación en cuotas para bienes de consumo, es razonable esperar que la demanda agregada se resienta, al menos hasta que el mercado encuentre nuevas formas de ofrecer crédito competitivo y los salarios recuperen poder adquisitivo.
Un Camino sin Garantías: Los Riesgos y Desafíos
El gobierno argumenta que este camino es necesario para sanear la economía y liberar el potencial productivo. Sin embargo, no está exento de riesgos. La preocupación por el poder adquisitivo de los hogares se mantiene alta, y la erosión de herramientas que facilitaban el consumo podría exacerbar la contracción económica si la inversión y la generación de empleo no repuntan a la velocidad esperada. Además, la discusión sobre quién puede reclamar ante abusos de consumo también se reaviva, dejando en claro que la "libertad" tiene dos caras: la de los productores y la de los consumidores.

Como editores de dot.com.ar, observamos con atención este nuevo capítulo. La desregulación, por sí misma, no es una fórmula mágica. Su éxito dependerá de si logra generar un entorno genuinamente competitivo, donde las empresas compitan por ofrecer calidad y precios justos, y donde los consumidores tengan acceso a información y herramientas para tomar decisiones informadas. La tarea no es menor, y el impacto en la vida cotidiana de millones de argentinos está en juego. El mercado, sin un Estado que regule y arbitre, puede ser una selva donde solo los más fuertes sobreviven, y el consumidor final, en Argentina, ya ha demostrado ser un actor vulnerable en repetidas ocasiones.